Sunday, February 12, 2012

sollozos

Llegó a casa. Nada más la puerta se cerró detrás de ella de un golpe, cogió una gran bocanada de aire y la dejó salir, lenta, pausadamente, mientras los ojos se le anegaban de lágrimas y la respiración se le hacía inestable. Sollozaba, al principio, profundamente hasta que los pulmones comenzaron a agitarse y no pudo parar. Lloró, alto, gritando, expulsando de sí el dolor tan profundo que la corroía. Pero aún expulsado, hecha un amasijo humano en el recibidor, el veneno seguía dentro de ella. Fingir no era fácil.

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